El Niño golpeará por partida doble: lluvia extremas en la costa norte y déficit hídrico en el agro sur
En este informe se advierte que el campo del sur llega a la próxima campaña con menos lluvias previstas y un sector ya debilitado: el MEF pasó de proyectar un crecimiento del 2,3% del sector agropecuario en 2026 a estimar una caída del 1,4%, y el MIDAGRI calcula que la producción de quinua podría caer un 12% en 2027. El escenario llega, además, a un sector agropecuario que ya muestra señales de debilitamiento. Entre agosto de 2025 y junio de 2026, la superficie sembrada de papa cayó un 2%, la de trigo un 9,6%, la de ajo un 22,2%, la de cebolla un 8,5% y la de cebada forrajera un 31,4%. En el primer semestre de 2026, la actividad agropecuaria retrocedió un 0,6%, principalmente por la caída del 1,9% de la actividad agrícola. Las perspectivas tampoco son favorables. El MEF pasó de proyectar un crecimiento del 2,3% del sector agropecuario en 2026 a estimar una caída del 1,4%, y reducción para 2027. Por su parte, el MIDAGRI estima que, bajo las condiciones previstas, la producción de quinua podría caer un 12% en 2027, la de papa un 1,3% y la de maíz un 0,5% frente a 2026. La cautela también se refleja en las decisiones de los productores. La Encuesta Nacional de Intención de Siembra (ENIS) proyecta para la campaña 2026-2027 un aumento de apenas el 1,5% en el área sembrada, frente al 5,4% de la campaña anterior, y diez cultivos registrarían una menor intención de siembra. En conjunto, estos indicadores muestran que el campo del sur enfrenta la próxima campaña con menos lluvias previstas, menor dinamismo en varios cultivos y productores que muestran una mayor prudencia. Diez años después, seguimos dependiendo del agua de lluvia. Aquí aparece el problema de fondo. Más del 68% de la superficie agrícola del país se cultiva bajo secano, es decir, sin un sistema de riego que permita llevar agua de manera regular al terreno, por lo que depende de la lluvia para el riego. Y esta dependencia no se ha reducido: aumentó en 7,2 puntos porcentuales frente a 2014. La situación es especialmente marcada fuera de la costa. En la sierra, el 67,5% de la superficie agrícola se encuentra bajo secano y en la selva la proporción llega al 89,1%. En la costa, en cambio, alcanza apenas el 6,3%. En regiones como Puno, Pasco y Huánuco, más del 90% de la superficie agrícola depende de las lluvias, según la Encuesta Nacional Agropecuaria. El problema, entonces, no es solamente que llueva menos. Es que gran parte del campo no tiene otra fuente de agua para compensarlo.
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